No es tarea fácil acceder a las personas totalmente relajadas cuando se hace fotografía de calle, y menos en mi ciudad. Los rictus de los transeúntes son generalmente enojados, tensos, y las expresiones normalmente reflejan ansiedad y nerviosismo.
Tampoco es una labor barata: casi euro y medio cuesta acceder a un universo temporal en que las personas se dejan llevar en todos los sentidos, un refugio en el que conectan consigo mismas y se abandonan públicamente. Ese espacio-tiempo es el viaje en tranvía, en el que los pasajeros se abstraen o invaden la privacidad de sus acompañantes con miradas que expresan inconscientemente aprobación, censura o indiferencia.
En estas ocasiones en que personas extrañas conforman temporalmente familias cercanas de vagón me gusta hacer que la gente se sienta incómoda ante el acto fotográfico. Fotografiarlas, como expresaba Susan Sontag, es violentarlas, pues reconocen que se las ve como jamás se ven a sí mismas. Observándolas absortas se las conoce como nunca podrían llegar a conocerse. Casi siempre el visor es un espejo que me devuelve autorretratos incómodos, no obvios, laberínticos y heterodoxos.

“Como fotógrafo, debes aceptar el hecho de que invades la privacidad de la gente” Inge MORATH
"El secreto de la fotografía es que la cámara adopta el carácter y la personalidad de quien la sujeta." Walker EVANS
"Voy a lugares públicos muy transitados para descubrir algo muy personal y privado. Las fotos que hago en esos lugares hablan más de mi interior que del mundo exterior donde han sido hechas. Todas ellas son autorretratos." Nick TURPIN
"Las imágenes tienen para mí una realidad que las personas no tienen. Es a través de las fotografías como les conozco." Richard AVEDON
"Me gusta hacer que la gente se sienta incomoda. Los alienta a examinar quienes son y por que piensan de la manera en que lo hacen." Sally MANN